martes, 3 de julio de 2012

Triple play


EXCÉLSIOR [Ventana]: Triple play (Pág. 21)
José Cárdenas

Esta vez, la expresión anglófona no se refiere a la jugada del beisbol con la cual sueñan todos los mánagers cuando van abajo en la pizarra.
Se refiere a la jugada táctica orquestada desde Los Pinos para darle la anhelada tranquilidad postelectoral al país.
La primera parte de la estrategia fue decidida cuando a fines de la semana pasada el presidente consejero del IFE, Leonardo Valdés Zurita, visitó al presidente Felipe Calderón en la residencia oficial. Ahí se tomó la decisión  de que el Ejecutivo validaría el proceso electoral, más que el resultado, y no madrugaría con un anuncio al estilo de Ernesto Zedillo, quien, por cierto, estaba en México y salió del país, precisamente la noche del domingo (viajó a París en el mismo vuelo con Vicente Fox, Martita… y el impresentable “cura” Onésimo Cepeda).
El segundo revire —a la segunda base— era el reconocimiento de Josefina Vázquez Mota en torno de su falta de votos, lo cual tampoco era validar a quien iba arriba. Ella simplemente debía reconocer sus desfavorables tendencias, no las que favorecen a alguien más. Tragarse el “sapo” de la catástrofe electoral… sin hacer (tantos) gestos.
Esa actitud orillaría en automático a Gabriel Quadri a más de lo mismo. Finalmente la farsa del candidato “liberal” le funcionó a la “abeja reina” para mantener el registro de su costoso “panal”.
El último lanzamiento para lograr el tercer ponche sería que Felipe Calderón hablara a la nación inmediatamente después del consejero presidente del IFE. De ese modo el jefe de Estado confirmaba, pero no invadía el terreno del protagonista principal (aunque haya sido un exceso presidencial reconocer los méritos de “su” candidata en un mensaje de Estado).
La “jugada” resultó casi perfecta. Nadie tiró la bola… todos los lanzamientos fueron precisos… y se cantaron los tres outs.
Si usted no sabe mucho de beisbol, no se apure. Yo tampoco.
Pero quien sí sabe, y mucho, es Andrés Manuel, quien se quedó, como decían los cronistas de antes, con la “carabina” al hombro. El destino lo alcanzó. El tiempo se le acabó.
Por eso no anunció su temido desconocimiento de las instituciones electorales, sino otro turno al bat para mañana miércoles… cuando se revelen los resultados de la jornada electoral.
–“No descalifico, pero no está dicha la última palabra… Vamos a esperar (…) El miércoles próximo se tiene que revisar todas las actas y conocer los resultados”, dijo.
Pero el tercer out ya cayó… y el “partido” terminó.
… y la multitud aclama a Peña Nieto, el nuevo rostro de la victoria… antes, él y su “novena” habían anotado la última carrera: “Asumo con emoción, con gran compromiso y plena responsabilidad, el mandato que los mexicanos me han conferido”.
De la mano de Peña, el PRI regresa —todo indica que con mayoría en el Congreso—…, el pueblo lo ha perdonado.
Total, el juego fue legal… pero pudo haberse suspendido por lluvia.
MONJE LOCO: –¿…y quiénes son los “hombres del Presidente”? Luis Videgeray (coordinador de la campaña); Miguel Ángel Osorio Chong (coordinador de estrategia); Erwin Lino (secretario particular); Ildefonso Guajardo (vínculo con empresarios); Ernesto de Lucas (operador político); David López (vocero de la campaña).  Por cierto, ayer se inició la sucesión para 2018…

Otra generación requiere otra política


EXCÉLSIOR [Razones]: Otra generación requiere otra política (Pág. 16)
Jorge Fernández Menéndez

Los del domingo fueron los votos del cambio, no sólo al analizar la elección presidencial: si nos vamos a los estados tenemos varias constantes. Cambios generacionales que van de la mano con alternancia política y también con la exclusión de los extremos. Si el voto por Miguel Mancera casi duplicó porcentualmente al de Andrés Manuel López Obrador, en el terreno del PRD, ese mismo partido se vio beneficiado por dos candidatos moderados y con sentido político, como Graco Ramírez, que ganó Morelos, y Arturo Núñez, al que por fin, luego de muchos intentos a lo largo de su vida política, se le hará gobernar Tabasco. En el otro extremo, dos gobernadores de la línea política más extrema del PAN, Marco Antonio Adame en Morelos y, sobre todo, Emilio González Márquez en Jalisco, perdieron sus estados y quedaron en un muy lejano tercer lugar que trasciende, y en parte explica, el mal desempeño del panismo: El Yunque perdió casi todas sus posiciones, y a punto estuvo de perder incluso Guanajuato (aunque sí perdió un bastión, León). La gente quiere, reclama, en todos los partidos, un cambio, pero también en forma casi generalizada está privilegiando un cambio con estabilidad.
En el PRI ese cambio está literalmente en las manos de Peña Nieto. El virtual Presidente electo sabe que su partido requiere apertura y un cambio generacional: nada dañó más su candidatura que los personajes que están, de una u otra manera, siempre identificados con un paso no siempre presentable o justificable. Nada la benefició más que presentar cartas nuevas. Los más de 60 puntos de Manuel Velasco Coello en Chiapas se contraponen con los resultados en el DF, donde una mujer con una carrera larga y respetable, pero que representa el pasado, como Beatriz Paredes, obtuvo apenas un tercio de los votos que consiguió un Miguel Mancera que refleja esa nueva generación de políticos que ganó esta elección. Eso explica que el PRI, en un estado como Tamaulipas, donde su gobernador Egidio Torre está librando una lucha notable contra la delincuencia organizada mientras limpia la estructura de gobierno estatal, al llevar a un personaje que evoca como pocos lo peor del pasado, el ex gobernador Manuel Cavazos, haya perdido la senaduría. O que en Veracruz Javier Duarte haya ganado en una pelea cerradísima con el PAN. Peña Nieto tiene una enorme oportunidad: la que dan los votos y la legitimidad para operar ese cambio. Puede y debe recurrir a la experiencia pero el centro de su equipo político debe reflejar ese cambio que se tiene que mostrar, también, en su partido, en el PRI.
En el PRD, López Obrador no puede reflejar ese cambio generacional. Una vez más, Andrés Manuel perdió una enorme oportunidad la noche del domingo de mostrar otra cara y reconocer lo que era inocultable: que había perdido las elecciones por un margen que en el mejor de los casos alcanza los seis puntos, o sea más de tres millones de votos de diferencia con Peña Nieto.
Escatimar el reconocimiento al mismo tiempo que se proclaman, con toda justicia y con los mismos conteos rápidos, los triunfos en el Distrito Federal, Morelos y Tabasco, es un acto de mezquindad política. López Obrador hizo una muy buena campaña y llegó a duplicar, con sus aciertos y los errores de sus adversarios, sobre todo del PAN, sus expectativas de voto entre diciembre y el primero de julio. Pero también volvió a demostrar que tiene un techo electoral que no puede superar, lo que sí pueden hacer hombres como Mancera o Marcelo Ebrard.
En el PAN, insistimos, la tarea será refundar en los hechos el partido. El PAN triunfa cuando se muestra unido, congruente, más liberal que extremadamente conservador, cuando apuesta a la apertura y no a la cerrazón. Desde hace años, el panismo ha jugado exactamente a lo contrario: a la sectarización, a ser en ocasiones demasiado conservador, en otras a abandonar principios en aras del pragmatismo, a abandonar su agenda liberal (que no es nueva, es la que marcó en sus inicios Manuel Gómez Morin) y vivir de intereses de grupo que lo dividen. Los ajustes de cuentas y la búsqueda de un culpable de la abrumadora derrota del domingo estarán a la orden del día en el blanquiazul. Sólo tendrían que recordar que en 2006 el PRI hizo una elección incluso peor que la del PAN este domingo. Y que seis años después logró regresar a Los Pinos. En las últimas semanas de campaña, con aciertos y errores, y en el pronunciamiento de Josefina Vázquez Mota el domingo, el PAN podría encontrar las claves para decidir su futuro.
La pregunta es si podrá hacerlo sin una ruptura profunda, que balcanice a ese partido.
Vienen tiempos de cambios, de la búsqueda de refrendar en ese cambio la estabilidad, pero también de confirmar que una nueva generación llegó al poder, y a la oposición, el pasado domingo.

Déjà vu


EXCÉLSIOR [Arsenal]: Déjà vu (Pág. 4)
Francisco Garfias

Lo adelantaba Pablo Gómez al terminar la sesión del Consejo General del IFE. “La lucha política no se va a terminar. Se va a poner aún más dura”, nos dijo el senador del PRD.
Eran casi las diez de la noche del domingo. Las encuestas de salida daban triunfador a Peña Nieto en la elección presidencial. Sebastián Lerdo de Tejada, representante del PRI ante el IFE, acababa de llamar a la unidad nacional, durante su intervención en el Consejo.
Eso irritó a Gómez. “Estos cuates creen que estamos en la década de los 50”, criticó el experimentado parlamentario.
El tono de Pablo era reflejo de la frustración de la izquierda y de las tentaciones que nos acechan.
López Obrador no tardó en dar color. No cree ni confía en las instituciones. Le resulta fácil desconocer la palabra empeñada. No sabe perder.
A media noche, tres horas después de que Josefina reconociera su derrota, declaró: “No está dicha la última palabra”.
La tarde de ayer destapó su juego. No reconoce el triunfo del priista. Lo va a impugnar. Ya no estaban allí ni Cuauhtémoc Cárdenas ni Marcelo Ebrard ni Juan Ramón de la Fuente.
El Peje dio rienda suelta al Peje. ¿Pacto de Civilidad? ¡Ajá! La salida fue fácil. “No suscribí ese convenio para cancelar mis derechos como ciudadano y acudir a las instancias correspondientes”, justificó, entre rabiosos aplausos de sus seguidores.

Déjà vu

El de ayer, en el Hilton Alameda, fue un mitin-conferencia de prensa. A Andrés no le faltaron palabras para descalificar la elección. “Fue demasiado sucia”, dijo.
“El candidato del PRI usó dinero a raudales en la compra del voto y que fue patrocinado, en exclusiva, por los medios de comunicación.” (Milenio y Televisa recibieron mención especial).
Va a acudir a todas las instancias y a presentar las pruebas. Llamó a sus seguidores a recabarlas. ¿Será porque no las tiene?
“La elección estuvo plagada de irregularidades antes, durante y después del proceso. La actitud de Felipe Calderón (quien reconoció el triunfo del priista) es una prueba más”.
El Peje se coló hasta la cocina. A los millones que votaron por Peña Nieto “y que no padecen pobreza” los acusó de apostar por un “sistema de corrupción”.
“Es muy duro lo que digo, pero es la realidad”, recalcó.
A sus seguidores los convocó a “no bajar la guardia” (¿será pelea o elección?). Dejó claro que él no va a sofocar la inconformidad. “La responsabilidad institucional recae en el IFE y en el Trife. Son ellos los que tienen que dar la cara”, recalcó.
Permitió, complaciente, que lo que supuestamente era una rueda de prensa se transformara en un mitin. Los reporteros preguntaron bajo presión de los pejefans.
Uno de ellos, el último que habló, se dio incluso el lujo de acusar a los reporteros de seguir órdenes.
“Les pregunto: ¿Van a volver a hacer la misma porquería que hace seis años? Si lo van a hacer, avísennos para tomar otras medidas y no volverlos a ver jamás.”
López Obrador se cuidó, eso sí, de no llamar a la movilización. No puede darse el lujo de dilapidar el respetable capital político recuperado.
Ayer nos enteramos que los candidatos de la Coalición Movimiento Progresista ganan los dos senadores en seis entidades: DF, Guerrero, Morelos Oaxaca, Tabasco, y Tlaxcala.
Se llevan las gubernaturas de Tabasco, con el buen Arturo Núñez, y Morelos, con Graco Ramírez. Además, obvio, de la Jefatura de Gobierno capitalino, con Miguel Mancera. Acapulco y Cuernavaca serán gobernadas también por la coalición de izquierda. Y eso sin contar que serán la segunda fuerza en la Cámara de Diputados.
La moderación fue clave en la recuperación de la izquierda. Ni a los gobernadores ni a los alcaldes electos, sean del PRD, el PT o Movimiento Ciudadano, les conviene la polarización. “Ellos van a ser contrapeso a cualquier tentación de prolongar el conflicto electoral”, nos dijo una fuente cercana al equipo de Andrés.
Otro perredista, Fernando Belaunzarán, ex ceuista, no imagina a Andrés Manuel convocando a un conflicto poselectoral. “Habrá marchas, críticas a la falta de equidad y prácticas con la compra de votos, pero no dilapidará el capital político”, aseguró.

Ojalá no se equivoque.

A las 18:44 del domingo recibimos la llamada de la casa de campaña de Josefina. Era la invitación a la conferencia que daría Josefina para reconocer que las tendencias no le favorecieron. Del otro lado de la línea, la voz reflejaba impotencia, coraje, frustración por el hielo amigo. “Le aplicaron las tres erres: ni recursos ni respaldo ni reconocimiento. Por ella no quedó…”, nos dijo. Mal, ¿no?
Enrique Peña Nieto ya opera con los gobernadores. Sabemos que le llamó al zacatecano Miguel Alonso para darle las gracias. Y es que, después de dos sexenios, esa entidad vuelve a ser un bastión priista. Fue el estado donde el candidato del tricolor sacó arriba de 50% de los votos.

Una victoria ensombrecida


REFORMA: Una victoria ensombrecida (Pág.13)
Eduardo R. Huchim

El triunfo de Peña Nieto se ensombrece por su ilegal propaganda de tv cuando fue gobernador, por su gasto excesivo de campaña y por la compra y coacción del voto.
La alternancia partidaria en el poder es normal en la democracia y, por lo general, pone de relieve la vitalidad democrática. Desde este punto de vista, sería celebrable la victoria del PRI -que regresa a Los Pinos después de dos sexenios- y su candidato Enrique Peña Nieto. Sin embargo, hay hechos que ensombrecen la victoria priista y le restan legitimidad. He aquí algunos de ellos:
a) La propaganda televisiva del candidato triunfador a lo largo de al menos cinco años, en abierta violación al artículo 134 constitucional (que prohíbe la propaganda personalizada). Después de las revelaciones de Jo Tuckman en The Guardian, que ampliaron los hallazgos de Jenaro Villamil, de Proceso, quedan pocas dudas de un acuerdo Televisa-Peña Nieto que permitió la construcción de una candidatura presidencial desde la tv. Contra lo que señaló Peña en el primer debate, la televisión sí hace presidentes y el 1ro de diciembre él mismo será una prueba viviente de ello.
b) El ostentoso dispendio de la campaña priista expresado en el excesivo número de espectaculares, costosas actuaciones de grupos musicales, miles de autobuses utilizados para el transporte de los asistentes a mítines, traslado del candidato y sus colaboradores en aviones y helicópteros privados, millones de piezas utilitarias... La Unidad de Fiscalización del IFE nos informará en enero, por virtud de la auditoría anticipada que acordó el Consejo General, cuántas veces rebasaron, Peña Nieto y la coalición que lo postuló, el tope de gastos de campaña fijado en 336 millones de pesos. Habrá probablemente una gran sanción para el PRI-PVEM y su candidato, pero nada más. Hay ahí una importante falla de nuestro arreglo institucional que exige corrección: no debe admitirse que un triunfo en las urnas pueda conservarse si se obtiene violando la Constitución y las leyes.
c) El hecho que enturbió más la elección presidencial fue la compra y coacción del voto, practicada sobre todo por el PRI. Cientos de casos fueron documentados en la prensa impresa y en la redes sociales, en particular por el movimiento #YoSoyl32 y Todos contamos. Hay quienes sostienen que esa ilegal operación no incide mayormente en los resultados, pero esto no es posible saberlo con exactitud, por más que sea presumible una importante influencia  de otro modo difícilmente se haría-. Estudios de Alianza Cívica han determinado una incidencia de aproximadamente 20% de sus encuestados, pero aun suponiendo que no tuviera grandes efectos sobre las cifras finales, es de todos modos un delito electoral. Adicionalmente, la compra y coacción del sufragio implica lucrar con la pobreza y envilecer la democracia, por más que sea vista como normal por amplias porciones de la sociedad mexicana y por más que también ocurra en otros países. La gravedad de un delito no disminuye por el hecho de que se lo practique en muchas partes.
Ante esta circunstancia, resulta sumamente lamentable la poca efectividad de las autoridades comiciales, sobre todo la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade), cuya ineficacia es proverbial. ¿Cuántos operadores serán llevados ante el juez por la gran compra de votos del domingo? Seguramente no muchos.
En la otra cara de la moneda, resulta gratificante la masiva participación ciudadana -más del 63% de la lista nominal- en la jornada electoral. Ver a cientos de ciudadanos formados bajo la lluvia para entregar su voto a otros cientos de ciudadanos-funcionarios de casilla es, evocando a Gene Kelly, un canto a la democracia Convendrá que la fortaleza cívica inmanente en esos hechos se traduzca en escudo y lanza para defenderse de la regresión que puede suponer el retorno del viejo partido hegemónico al poder presidencial y, también, para avanzar en las reformas social y democráticamente útiles para México. En este sentido, será deseable que López Obrador continúe su trabajo por el cambio que postula y que, en esta ocasión, tuvo un poyo de más de 15 millones de ciudadanos que, aun cuando fueron insuficientes para ganar, representan un tercio de los votantes. La trinchera puede ser distinta, pero la meta debe mantenerse y la lucha también.
Las casas encuestadoras que señalaron cerca de 20 puntos porcentuales de ventaja de Peña sobre AMLO tendrán que revisar su metodología para detectar por qué se alejaron tanto del reporte del PRÉP: alrededor de 6.5 puntos de diferencia Más cercana, la última de Reforma le dio 10 puntos de ventaja a Peña, con +/-2.7 de margen de error.